Mira alrededor y ronoce el lúgubre ambiente de un funeral. Mira extrañado como todos, sin excusa alguna, se acercan al féretro para dar su falso último adiós. Pero, él ve la verdad detrás de los ojos mentirosos. Todos los políticos se acercaban para sacar su tajada, su foto con el ilustre deceso y su puestito en la nueva campaña. Y la cabeza de él empezó a maquinar.
"Esta es la mía", pensó. "Acá me postulo yo que estoy en el medio de la escena y arraso con los votos. Podría poner un buen eslogan de campaña, compararme con algún personaje histórico del país, tejer alguna que otra alianza con los fiascos que están acá y tengo un gobierno con alto nivel de adhesión".
Pero luego puso los pies en la tierra —o donde sea que los tuviese— y trató de resolver el problema más importante del momento. "Pero, ¿cómo se postula para presidente un muerto?", pensaba tranquilo Nestor.